Kaleidoscope Mind de Benneviento huele a panditas, menta, bosque mojado, plástico y muchas otras cosas. Todo al mismo tiempo, en el mismo frasco. Cuando busqué una reseña en español antes de olerlo, no encontré ninguna. Esta es la primera.
Es un perfume de Benneviento con treinta y ocho notas declaradas. La botella cuesta más de cuatrocientos dólares, y lo más interesante no está en la pirámide sino en la descripción oficial: el propio perfumista escribió que este perfume no fue diseñado para gustarte.
55%. Para ponerlo en contexto, la mayoría de los perfumes caros que conoces andan entre el 20 y el 25%. A ese nivel estamos hablando de prácticamente aceite puro.
Salida. Fresco, cítrico, ahumado y húmedo. Se parece al aire que corre justo antes de llover.
A los pocos minutos. Se abre un acorde dulce y afrutado que recuerda directamente a las gomitas de la infancia, con esa vibra colorida y azucarada de los panditas. Debajo aparece una menta muy fría que casi te limpia la nariz.
Fondo. Cuando crees que ya entendiste el perfume, empieza a secar hacia un bosque muy húmedo y verde: musgo, lodo, hojas en descomposición, lluvia reciente sobre madera. Todo envuelto en un acorde químico, plasticoso, que debería arruinar el perfume y que en realidad es lo que lo vuelve adictivo.
El perfumista describe el efecto como melancólico sin tristeza, eufórico sin alegría y calmo sin vacío. Suena a frase de marketing hasta que lo hueles. Ahí entiendes exactamente el propósito del perfume.
Tengo decants de Kaleidoscope Mind para que lo huelas con tu propia nariz antes de decidir nada.
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